La historia de Alexandra Ianculescu no es solo el relato de una patinadora de velocidad buscando su camino; es la autopsia de un sistema de financiamiento deportivo que agoniza. Mientras los comités olímpicos se llenan la boca con discursos sobre la «pureza del deporte», sus atletas están en la trastienda vendiendo sushi o doblando ropa en tiendas de saldos para pagar sus patines.
Ianculescu, olímpica en 2018, ha dejado claro que entre el agotamiento físico de tener tres empleos y la rentabilidad de OnlyFans, la decisión no fue moral, fue matemática.
La precariedad detrás de los cinco anillos
Antes de 2020, la vida de Ianculescu era el ejemplo perfecto de la «gloria» mal entendida:
- Trabajaba en una tienda de sushi, una de ropa deportiva y un restaurante los fines de semana.
- Saltarse sesiones de pesas o comprimir rutinas para llegar a tiempo a marcar tarjeta es el «secreto» que las federaciones prefieren no mencionar.
- Es físicamente imposible competir al más alto nivel cuando tu energía se drena en el sector servicios. El alto rendimiento requiere tiempo, y el tiempo, en el siglo XXI, tiene precio.
OnlyFans pasó de tabú a consultoría deportiva
Lo que comenzó como una sugerencia desesperada tras mudarse a los Países Bajos se ha convertido en el motor económico de su carrera. Pero lo verdaderamente interesante desde una intuición investigativa no es el contenido, sino el efecto dominó:
- El dinero de la plataforma no se va en lujos banales, sino en equipo de alta gama y rehabilitación. Irónicamente, el contenido para adultos está financiando la salud y la tecnología que el Estado debería proveer.
- Ianculescu revela que no está sola. Nadadores y ciclistas olímpicos de Gran Bretaña ya le piden asesoría para «empezar». Estamos viendo el nacimiento de una economía paralela donde el atleta es dueño total de su imagen, sin intermediarios corporativos que se lleven el 40%.
- La actitud ha mutado. Si el patrocinador tradicional te exige una conducta puritana pero no paga las cuentas, el atleta prefiere el patrocinio directo de una comunidad que entiende el intercambio.
Ianculescu ha expuesto la hipocresía del deporte profesional. Si las federaciones no pueden garantizar que un olímpico no tenga que enrollar makis para comprarse sus uniformes, han perdido el derecho a escandalizarse por las vías de financiamiento alternativas. OnlyFans es, hoy por hoy, el sponsor más honesto del mercado: pagas y ves el esfuerzo (y lo demás).
¿Es esta la democratización del patrocinio o el último clavo en el ataúd del prestigio olímpico? La línea entre atleta e «influencer de nicho» se ha borrado definitivamente.
La familia es mi mayor tesoro, disfruto cada momento con mis seres queridos y amigos.
Mi profesión me permite expresar mi creatividad y plasmar mis ideas en proyectos tangibles. Me apasiona el diseño en todas sus formas y disfruto capturando la belleza del mundo a través de la fotografía. Siempre a la vanguardia de las últimas innovaciones tecnológicas, disfruto de la adrenalina y la emoción de los deportes.
En mis tiempos libres, soy un cazador de zombies en la búsqueda de La Chispa Suprema.



